Todos tenemos una necesidades básicas en nuestra vida que, poco a poco, nos esforzamos en satisfacer, pero… ¿Alguna vez te has parado a reflexionar acerca de cuáles son tus verdaderas necesidades? En el puente de Reyes, fuimos a pasar unos días a la zona de Olba y Alto Mijares. Y esta zona, además de ofrecernos un día de excursión y dos de escalada, nos ha dado la posibilidad de escuchar algo que estamos olvidando, el silencio.

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Nuestras necesidades

Según la pirámide de Maslow, después de satisfacer las necesidades básicas, ascendemos al trabajo, a las posesiones materiales y a la seguridad, antes incluso que la amistad o el autoconocimiento.

Cuando acudimos a un buffet libre, muchos de nosotros nos sentamos con la idea de «comer hasta reventar». Al tener toda esa comida disponible, nuestras necesidades biológicas de alimentarnos están más que cubiertas, y nuestro cerebro no tiene que preocuparse, y puede incluso, olvidarse de ellas.
Algo parecido sucede con nuestra vida diaria: tenemos todo lo que necesitamos a nuestra disposición, sin ningún tipo de restricción: electricidad, agua potable, comida, tecnologías… Pero ¿y qué ocurre cuando desaparece esa facilidad de obtención?

Israel disfrutando de la escalada

Israel disfrutando de la escalada

Pasando unos días en Alto Mijares

Comenzamos el año, como no podía ser de otra forma, continuando con nuestra racha de fines de semana escalando (Como dice el refrán popular: «A falta de nieve, buenas son paredes»).
Alto Mijares es una zona de barrancos, en la provincia de Teruel. Una escuela de difícil acceso, por carreteras olvidadas, rodeada de pequeños pueblos que luchan por una supervivencia contra la despoblación, cada día más complicada, en la que poco a poco van perdiendo aliados.

Nada más llegar allí, localizamos una zona de acampada, situada en medio de todos los sectores de escalada. Este lugar, donde nos quedamos a dormir las dos noches, contaba con servicios básicos como: un enchufe para todos, un grifo sin agua potable, una ducha al aire libre o un baño seco ecológico.
Por supuesto, una zona sin apenas cobertura, y totalmente descontaminada de las enfermedades que nos afectan hoy en día: ruido, estrés o desconexión con la naturaleza y con uno mismo.

Cuando nos encontramos en estas condiciones, es cuando por fin nos paramos a pensar en nuestras necesidades. En este lugar en medio de la nada nos dimos cuenta de la suerte que tenemos, al tener todas nuestras necesidades básicas cubiertas: un grifo que vierte agua de manera infinita y, si hace frío, te ofrece hasta agua caliente;  una nevera que te mantiene fresca la comida durante largos días…

Y, a su vez, nos dimos cuenta también de cosas que consideramos necesarias y, en realidad, no lo son tanto: es posible vivir sin conectar todos nuestros aparatos a los enchufes; es posible vivir sin un baño con agua; es posible vivir en una furgoneta de pocos metros cuadrados y sin un colchón gordo…
¿Tendrá todo esto algo que ver con la Terapia Shinrin?

Unas vistas espectaculares en medio de la noche

Unas vistas espectaculares en medio de la noche

Conexión y desconexión

Principalmente es de lo que va toda esta reflexión. Durante unos pocos días, nos hemos desconectado de la sociedad frenética que te ofrece la posibilidad de satisfacer todas tus necesidades. Es más, además de satisfacer las necesidades existentes, la sociedad y el mercado se encargan de crear nuevas necesidades y hacerlas imprescindibles, o hacen que pensemos que lo son.

Este lugar, además de desconectarte de la sociedad, te conecta contigo mismo, con tus necesidades reales, con las metas personales que quieres conseguir, con los objetivos y los logros que quieres cumplir en tu vida: ¿Viajar más? ¿Aprender a tocar un instrumento? ¿Formar una familia? ¿Disfrutar de más tiempo de calidad con tus amigos o pareja? El silencio, la tranquilidad, el no tener aparatos tecnológicos ni las redes sociales… Todo ello contribuyó a que pudiéramos reflexionar sobre estos temas, que de vez en cuando viene muy bien 🙂

De hecho, si estando en condiciones tan «precarias» pudimos pensar en estos temas, que Maslow considera necesidades no básicas… Las cosas que normalmente consideramos de necesidad vital, quizás no lo sean tanto. Da para pensar, ¿no? 😉

Un trabajo bien hecho

Un trabajo bien hecho

Al lío, ¡a escalar!

Bueno, nos centramos por fin en la escalada. Alto Mijares es una escuela repleta de rocas que dejan volar la imaginación. Paredes que forman barrancos en sí mismas o que se encuentran en la parte alta de valles formados por el cauce de los ríos donde, en verano, seguro que es un placer tomar un baño.
Tras pasar por allí dos días enteros, sí que nos dimos cuenta de que hace falta un nivel de escalada relativamente asentado para poder disfrutar de un mayor número de vías en esta escuela. En nuestro caso, con un grado de V en el caso de Irene, se hace algo más difícil encontrar vías asequibles. No es que no haya quintos, pero los sectores de escalada están bastante alejados unos de otros, por lo que dificulta ir de uno a otro en el mismo día.
Aunque los grados son un poco altos para principiantes, las vías son de una calidad increíble, largas y muy disfrutonas. ¿A qué estas esperando para viajar a Teruel y probarlas? 😀

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