El puente de la Constitución fue corto pero lo vivimos muy intensamente, y es que lo hemos pasado íntegramente rodeados de montañas. Pero, ¿qué es lo que tanto nos atrae de estos paisajes? Repetimos ascensiones y rutas una y otra vez, volviendo a los mismos lugares, en las mismas fechas. Y aunque los paisajes no varíen y permanezcan impasibles al paso de nuestro tiempo, regresamos de nuevo y caemos embelesados ante las ya conocidas vistas.

Contrastes de colores y estaciones

Contrastes de colores y estaciones

¿Y qué será?

Ya os hablamos de los beneficios de la terapia Shinrin en nosotros y cómo disfrutamos cada vez que salimos al monte (puedes ver qué es esto de la terapia Shinrin aquí). Por otro lado, la ciencia afirma que las formas geométricamente imperfectas que abundan en los espacios naturales, provocan un relajamiento de nuestro cerebro, ya que dichas formas entran de manera natural en él y no necesita procesar tanta información.
Además, como ya hemos dicho en muchas ocasiones, las impresionantes vistas que deleitan nuestras pupilas y los sensores de nuestras cámaras, nos sorprenden día tras día, haciéndonos descubrir distintos detalles cada vez que las observamos. Pero, aún con todo ello pensamos que debe de existir algo más para que salir al monte nos siente taaaaan bien… ¿¡Qué será!?

Irene disfrutando de un magnífico día de montaña

Irene disfrutando de un magnífico día de montaña

Una teoría

Hemos pensado sobre esta cuestión y tenemos nuestra teoría:

Vivimos en un mundo de caretas, donde nadie dice lo que realmente piensa porque no es políticamente correcto o por lo que puedan pensar los demás. Parece que todo el mundo tiene derecho a crear una burbuja alrededor de sí mismo, y el resto del mundo, la obligación de no dañarla o pincharla para que pueda vivir feliz. Y, sinceramente, a veces nos cansamos de estas normas sociales. Preferimos la transparencia.

Pero la montaña no sigue las normas de la sociedad, y nos ofrece esa transparencia y autenticidad. La montaña permanece real, tal y como es. Nada cambia sobre sus lomos trazados de caminos. Si el frío azota, más te vale estar preparado porque no tiene ni piedad ni miramientos; el frío te encoge los músculos e hiela tus huesos, el viento te roba el calor corporal, la lluvia empapa todo tu camino y tu cuerpo, y la nieve esconde el recorrido.

Además, la autenticidad de la montaña hace que nosotros también la saquemos. Porque cuando ha llegado el momento de la verdad, esos momentos duros que muchas veces acompañan a los deportes de montaña, lo único con lo que puedes contar, eres tú mismo, tu verdadero yo. Y es que apenas queda espacio o energía para pretender ser otra cosa. Eres tú en la montaña.

Las montañas se extienden hasta el infinito, al igual que nuestra imaginación

Las montañas se extienden hasta el infinito, al igual que nuestra imaginación

Vuelta al pico Pacino

Una de las actividades que realizamos en el puente de la Constitución fue una excursión que consistió en dar la vuelta al pico Pacino. Fue una ruta circular que empezó y terminó en Escarrilla, un pueblo cercano a Panticosa. Es una excursión muy sencilla, para todos los públicos. Y de hecho, nos acompañaron dos amigos a disfrutar del paseo con nosotros 🙂

Pero a pesar de la facilidad de la ruta, no creáis que la montaña no hubiese hecho de las suyas para ponernos en nuestro sitio.

Por un lado, aunque al principio del día pasamos incluso calor, más tarde la temperatura cambió drásticamente, sobre todo por la aparición del viento.  Parecía que iba a ser un día primaveral, pero la montaña se encargó de recordarnos que era otoño, casi entrando a invierno.

Por otro lado, coincidiendo con el momento de máximo frío, «nos perdimos». Estábamos caminando y charlando felizmente, cuando nos dimos cuenta de que nos estábamos alejando del camino que nos marcaba el GPS. Tuvimos que dar varias vueltas y avanzar por donde no había sendero, confiando en el track y el GPS, hasta que pudimos encontrar el camino correcto. La incertidumbre no duró demasiado, pero de nuevo la montaña quiso recordarnos la importancia de ir atentos cuando caminamos por ella. 

La montaña y nosotros. Nosotros y la montaña.

Ella siendo tal y como es. Ella obligándonos a sacar nuestro verdadero yo, incluidos nuestros miedos e inseguridades.

 

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Pero esto solo es una loca teoría de un domingo lluvioso en el tránsito anual que va desde nuestras botas a nuestros esquís.

Y a ti, ¿qué es lo que más te atrae de las montañas? Déjanos un pedazo de tus pensamientos en los comentarios y no olvides suscribirte a nuestra newsletter.